
Por Marcos Matías Alonso*
8 de octubre, 2016.- En mi “alma mater”, que fue la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) en la ciudad de México, en la década de los 80, tuve varios profesores chilenos y argentinos. Allí conocí varios compañeros guatemaltecos, peruanos, salvadoreños y colombianos. En esa época las dictaduras militares expulsaron a varios de los mejores talentos con ideología liberal y México se convirtió en refugio de la intelectualidad latinoamericana.
Carlos Vladimir Zambrano es un bogotano con quién compartí aula, techo y alimento. A través de él escuché los primeros ballenatos de su país. En varias de nuestras reuniones en la ENAH me presentó compatriotas suyos que habían huido de la guerra desatada en Colombia en aquel tiempo. A la distancia me enteré que algunos de ellos habían sido miembros fundadores del Movimiento 19 de Abril (M-19). En sus conversaciones con frecuencia escuchaba los nombres de Álvaro Fayad, Jaime Bateman y Carlos Pizarro; quien en aquel tiempo era el comandante máximo del M-19.
Obvio, en aquella época aún no conocía ningún país suramericano. Años después tuve el honor de recorrer todos los países latinoamericanos. De Colombia he visitado varias veces Cartagena de Indias y Bogotá. En el 2008, junto con Ernesto Ramiro Estacio, que en aquel tiempo era Senador Indígena, recorrimos Huila, El Pasto y varias comunidades de la frontera con Honduras. Mi amigo R. Estacio nos explicó los grandes problemas del narcotráfico, la guerrilla campesina/indígena, los grupos paramilitares, los cárteles de la droga, la pobreza rural/urbana y la clase política que se ha perpetuado en el poder político de Colombia.
El anuncio internacional del Plebiscito por La Paz, que se realizó el dos de octubre pasado, me hizo volver nuevamente a Colombia. Estuve una semana en Bogotá y conversé con muchos ciudadanos bogotanos para conocer diversas opiniones antes, durante y después del Plebiscito. Las siguientes notas se derivan de esas conversaciones y de algunas fuentes bibliográficas y hemerográficas. Van mis reflexiones:
Primero: Los protocolos de los Acuerdos de Paz firmados por el Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) del 24 agosto, en La Habana, y 26 de septiembre en Cartagena de Indias, no es el primer esfuerzo de esta naturaleza. En los últimos 30 años Colombia es el único país en el mundo que ha hecho nueve negociaciones y acuerdos de paz para desmovilizar a grupos armados. Los Acuerdos de Corinto fueron el primer compromiso del M-19 con el Gobierno de Belisario Betancourt, pactados el 24 de agosto de 1984. El 8 de marzo de 1990, Carlos Pizarro, Comandante del M-19, ratifica el Acuerdo de Paz del Cauca con el Gobierno de Virgilio Barco. Semanas después lo proclaman candidato a la Presidencia de la República y es asesinado el 26 de abril del mismo año. Con su asesinato quedó sepultada la esperanza de paz; y la violencia, lejos de disminuir, se agudizó. En www.claudia-lopez.com/adios-a-las-farc/ pueden consultarse los documentos de los nueve procesos de paz en Colombia. El M-19 fue pionero en los diálogos de paz en ese país.
Segundo: Lo que ocurrió por primera vez en Colombia es la implementación del Plebiscito Nacional por la Paz del pasado dos de octubre. La consulta ciudadana mediante el voto popular con la siguiente pregunta: “Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”. La respuesta en las urnas se limitó a responder con un “SI” o un “NO” a dicha pregunta. Es decir, el Acuerdo de Paz firmado en Cartagena entre la FARC-EP y el Gobierno Nacional tuvo que pasar la prueba de fuego con la auscultación ciudadana. Sorprendieron a Colombia, y al mundo, los resultados que por la tarde del domingo se presentaron. La siguiente gráfica muestra los resultados.
Tercero: Juan Manuel Santos (JMS), como presidente de la República, y los partidos políticos que giran en torno a él, sufrieron una derrota estrepitosa. JMS fue el principal promotor al Acuerdo de Paz. Las FARC, por su parte, recibieron los resultados con mesura y dispuestos a continuar en su firme voluntad por la Paz. Álvaro Uribe (AU) y Andrés Pastrana (ex presidentes de Colombia), aglutinados en el Partido conservador del Centro Democrático, se alzaron con la victoria del “NO” al Plebiscito. Fue ínfima la diferencia entre el “NO” y el “SI”. El 63% de la población Colombiana se abstuvo de votar. En el plebiscito, quienes en verdad ganaron fueron los abstencionistas. El 2 de octubre fue un duelo entre “Uribistas” y “Santistas”, quienes mantienen una rivalidad acérrima. La confrontación entre JMS y AU es añeja, y una gran parte del pueblo decidió no participar en esta guerra de poderes.
Cuarto: JMS se fue con el canto de las sirenas con las cifras halagadoras de las principales encuestadoras, quienes anticipadamente daban hasta el 67% por el “SI”. Este porcentaje explica el evento triunfalista de JMS en la ceremonia de Cartagena de Indias (26/IX/16), en que rubricó los Acuerdos de Paz con Rodrigo Londoño (a) “Timochenko”, comandante en jefe de las FARC-EP. La presencia de Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU, Jefes de Estado de la región, obispos, reyes, personeros de la OEA, cancilleres, ministros y premios Nobel de la Paz, hacía suponer de la gran victoria que se obtendría en el Plebiscito del 2 de octubre. El Plebiscito demostró que la decisión de los votantes es impredecible, insondeable e inconmensurable. La comunidad internacional no vota y, por más figuras universales que respalden un proceso, los resultados pueden ser devastadores.
Quinto: Una parte del pueblo colombiano no refrendo los Acuerdos de Paz. El voto del “NO” provino principalmente del centro del país. Bogotá es una excepción en donde se ganó el “SI”, con una pequeña diferencia. El bastión del “NO” es en el territorio donde domina AU, que a su vez es espacio de los principales cárteles de la droga. Una vez más se repite la división entre el mundo rural y el espacio urbano. Este breve análisis resalta que en los principales territorios indígenas, campesinos y afrodescendientes, los pueblos refrendaron el Acuerdo de Paz. En las grandes zonas indígenas y afrodescendientes como La Guajira, Cauca, Putumayo, Guainía y las Amazonas, predominó el voto por el “SI”. En el siguiente mapa se observa la preponderancia del tipo de voto sufragado.
Sexto: La hipótesis y el razonamiento del voto es sencillo: pueblos que sufrieron más en carne propia la tragedia de la guerra, vieron en el Plebiscito una oportunidad para vivir una nueva era de paz en su región. Por ello no dudaron en votar por el “SI”. El plebiscito lo decidieron los ciudadanos más alejados de la zona de conflicto. Rechazan la guerra quienes han sufrido sus secuelas. Los que viven en zona de relativo confort pueden darse el lujo de votar por el “NO” a los Acuerdos de Paz. La siguiente gráfica muestra dos decisiones del voto diametralmente confrontadas. La visión y posición entre Medellín y Bojayá es totalmente opuesta.
Séptimo: En un breve comunicado, las víctimas de la Masacre de Bojayá, una de las más cruentas que se vivió durante el conflicto armado entre las Fuerzas del Estado, la guerrilla y los paramilitares, pidieron al presidente JMS, a las FARC-EP y a la sociedad colombiana, respetar el 96% de los votos por el “SI” que se registró en esa comunidad en el Plebiscito. “Las víctimas de Bojayá hemos sufrido la inclemencia de la guerra y por eso votamos SI a La Paz. La voluntad de las víctimas debe ser respetada, la sociedad que votó por el NO tiene una deuda con los derechos de las víctimas y con el costo en vidas humanas que tiene su votación sobre las poblaciones que sí padecemos la guerra. No es justo que ellos puedan votar e influir en nuestras vidas o nuestras muertes y que nosotros no influyamos en las políticas que a ellos y ellas los afectan”.
Octavo: La mayoría de los muchos bogotanos con quienes conversé coincidieron en que los Acuerdos de Paz son un documento antididáctico que la mayoría de la población no leyó. De sus 297 cuartillas hizo falta un resumen ejecutivo que facilitará su lectura para la toma de decisiones. Los promotores del “NO” sí lo hicieron y, sobre todo, resaltaron los temas controversiales para incidir que una gran parte de la población se adhiriera a su causa. En pocas palabras, satanizaron a las FARC-EP y aprovecharon la baja popularidad del Presidente de la República para capitalizar el voto por el “NO”; ellos socavaron los sueños de JMS, y la noche del 2 de octubre inició una nueva configuración política en la cual lo obliga a pactar con dos de sus acérrimos rivales: Andrés Pastrana y Álvaro Uribe.
Noveno: El domingo 2 de octubre, en Bogotá presencie la escasa votación en las casillas del Colegio de San Agustín, el Colegio de La Candelaria y la Plaza Bolívar. El 3 de octubre una gran parte de colombianos amanecieron desconsolados y descorazonados. Tres Colombias se vislumbraron: los del “SI”, los del “NO” y los abstencionistas, con sus 20 millones de votos que decidieron no sufragar.
Décimo: Es obvio que deben construirse acuerdos emergentes. Colombia debe salir pronto del laberinto en que quedó atrapado el 2 de octubre. Deben de renegociarse y reformarse algunos apartados de los Acuerdos de Paz. El nuevo Pacto por la Paz Nacional no debe postergarse. Es injustificable la incertidumbre o el no saber qué hacer o qué acciones tomar para mantener el diálogo por la paz y evitar la continuidad de la guerra. El diálogo nacional es inminente.
En Colombia han transcurrido tres décadas en las cuales ha afrontado nueve negociaciones y Acuerdos de Paz con grupos guerrilleros y ha salido avante; cuenta con la suficiente experiencia para enfrentarse a este nuevo reto. Mis mejores augurios para que pronto reencaucen el mejor camino para tod@s.
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PD: Tengo la hipótesis que el premio Nobel de la Paz que ha recibido el Presidente de la república de Colombia, lejos de contribuir a la concordia nacional, agudizará la polarización en su país. Ese premio debería de dárselo a las víctimas del conflicto armado que tanto dolor han padecido.
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* Marcos Matías Alonso es investigador titular del CIESAS - Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.
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