
Foto: Miguel Bergasa
Menonitas en América Latina
Marc Dourojeanni*
La historia de los menonitas comenzó en 1523 en la Suiza germánica, cuando un sacerdote católico inició una reforma que se dispersó y consolidó rápidamente en el Sacro Imperio Germánico. A partir de 1529 esos disidentes pasaron a ser perseguidos y martirizados.
En 1536 el sacerdote católico Menno Simons, influyente contestatario, también rompió con la Iglesia Católica y se unió a ellos, por entonces más conocidos como anabaptistas, por la forma poco ortodoxa en que adoptaron ese sacramento. Menno, a pesar de la persecución, tuvo éxito en divulgar las nuevas creencias las que se propagaron especialmente a Holanda y Polonia, y luego a otros países del este europeo, pasando a ser conocidos como menonitas.
En 1683 se produjo la primera emigración menonita a Pennsylvania, que era parte de las colonias inglesas en América. Esas migraciones continuaron durante el siglo XVIII. La vida de los que se quedaron en Europa era cada vez más dura, especialmente en Prusia, de tal modo que, en 1788, a convite de la emperatriz Catalina la Grande, ellos emigraron a Rusia con varias ventajas, entre ellas la pose de tierras.
Con los cambios políticos en Rusia esos beneficios fueron mermados por lo que se intensificó la migración a Norte América, inclusive al Canadá (1873). La primera colonia agrícola menonita en América Latina fue en Argentina, en 1877. En términos de prácticas religiosas y en función de sus orígenes los menonitas se han subdividido en diversos grupos, pero mantienen bastante cohesión.
En las últimas décadas se han acelerado los movimientos migratorios menonitas, a veces entre países de la región, en función de los cambios políticos y de la disponibilidad de tierras, siendo evidente un movimiento muy reciente hacía Perú (Servindi, 2019; Praeli, 2020) y Colombia (Betancourt, 2018).
En 2015, según fuentes menonitas (GAMEO, 2015), existían 200 mil menonitas asentados en América Latina, siendo las colonias más importantes las de México (34 mil) y América Central (50 mil), seguidas de las de Paraguay (35 mil), Bolivia (27 mil) y Brasil (15 mil). Pero, hay menonitas en todos los países. De otra parte, muchas fuentes creíbles citan números mucho más expresivos de menonitas para América Latina, totalizando desde 270 mil hasta cerca de 700 mil personas. De hecho, procurando información país por país, los números se acercan a las figuras más abultadas. Por ejemplo, se cita de 90 mil a 100 mil menonitas apenas en México (Quadri, 2017; Morimoto, 2019), más de 67 mil en Paraguay (Correia, 2020) y casi 60 mil en Bolivia en 2015 (Kopp, 2015).
Los menonitas, aunque subdivididos por origen y prácticas religiosas, están bien organizados. Cada grupo cuenta con uno o más templos, a veces localizados en áreas urbanas, al estilo de las iglesias protestantes convencionales, desde las que organizan acciones proselitistas. Además, están unidos en un congreso o conferencia mundial menonita. De otra parte, a nivel de los asentamientos, aunque basados en el cooperativismo y aparentando ser agricultores tradicionales, los menonitas son empresarios modernos, muy trabajadores y unidos, así como audaces y, aunque pacíficos, como se verá, son inescrupulosos. En general tienen mucho éxito económico en sus emprendimientos.
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